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miércoles, junio 06, 2007

Semana de locos

  1. El domingo, tarde en la noche, sonó el timbre en mi puerta. Esperaba a un amigo que iba a devolverme mi portátil que le presté ese mismo día en la mañana. Pero no era él quien timbraba. Era un tipo alto, gordo, de pelo negro y largo, de mirada perdida. Su presencia me llenó de pánico, se me escapó un grito de terror, puse los puños en posición de pugilista, dispuesto a defender mi vida ante ese atacante escapado de algún manicomio. Mi reacción, a lo mejor un poco desmedida, fue totalmente instintiva. El tipo estiró el cuello y echó un vistazo dentro de mi apartamento para luego decir: “Perdón, me equivoqué de piso”. Salió corriendo, supongo que él también bastante asustado con mi reacción. Yo, entre confundido y sorprendido me quedé perplejo y liberé la tensión con una carcajada nerviosa. Desde entonces me he estado preguntado por qué reaccioné así. ¿Por qué lo primero que pensé era que se trataba de un asesino que venía a volverme picadillo y no de un simple vecino extraviado? Algo no marcha bien en mi cabeza...

  2. El día siguiente, lunes 4 de junio, fue tal vez el día más importante de mi vida. No, no me casé ni nació mi primer hijo, claro que no. Tampoco conocí al amor de mi vida. Fue algo que, de concretarse como parece que ocurrirá, cambiará para siempre el rumbo de mi vida. No lo mencionaré por ahora mientras todo termina de concretarse, aunque algunos de los que pasen por aquí ya saben de que se trata.

  3. Por razones laborales creo que tendré que irme para Honduras por un mes. ¡Un mes! Me encanta viajar pero no me hace mucha gracia la idea de estar tanto tiempo en un país que, aunque es posible que tenga muchas cosas que valgan la pena, es más pobre que el Vaupés. La ignorancia, en todo caso, es atrevida. Espero no tener que comerme mis palabras. Y perdones por adelantado si algún hondureño pasa por aquí, que lo dudo.

  4. La teja se le corrió del todo a Uribe II. Yo creo en realidad que el Presidente no sufre de laberintitis, sino que es “El Presidente en su Laberintitis”, como bien dijo algún gracioso, parodiando el libro de Gabo. Me pregunto (y sé que millones de colombianos también lo hacen, incluyendo a uribistas de raca mandaca) si todo este cuento retorcido de la liberación de los guerrilleros a cambio de nada servirá de algo y si las secretas razones de Estado que lo sustentan son justificables. Me temo que no. Lo ocurrido esta semana es de locos. Nuestro diario acontecer es tan alucinante que este debe ser el único país del mundo donde un abogado se opone a que su cliente sea liberado, tal y como lo ha hecho ver el apoderado del guerrillero Granda. Y luego quieren que uno no se imagine que el loco que timbra en la puerta un domingo a las once de la noche sea el mismísimo Jack el destripador, o cualquier otro enviado por la Parca calva.

  5. Me uno al ruego: ¡liberen a Emanuel! Tener a un niño secuestrado desde antes de nacer es la peor de las infamias. En otro país las marchas que por estos días dieron los universitarios, se hubieran sucedido también y de manera mucho más contundente para pedir por la libertad de ese niño (y de su madre y todos los demás). Pero a nadie parece importarle. Leen el periódico, se enteran del secuestro de la criatura y exclaman alguna cosa. Pero luego voltean la página y se olvidan de todo porque encuentran en las notas de farándula la triste noticia del terrible rompimiento de Juanes y su esposa. Locombia.

  6. Anoche ví Satanás. Sin duda esta película, de impecable factura, es lo mejor que ha dado el cine criollo. Escalofriante, estremecedora, sale uno del teatro con el espíritu alborotado. Excelente adaptación de la historia original. Lo mejor: Damián Alcazar y Teresa Gutierrez dan sopa y seco en sus papeles. Hay que ir a verla. Es violenta y dura, pero nada allí es gratuito.

lunes, septiembre 11, 2006

9/11

Vista de la Zona Cero, ahora en construccíón, cinco años después de aquel día

El 11 de septiembre del 2001 vivía yo en Medellín e iba camino a mi oficina cuando oí la noticia en la radio del carro. Juan Gossaín informaba que había ocurrido un accidente en las Torres Gemelas. En principio, se pensaba que una pequeña avioneta se había estrellado contra una de las torres. Nadie podría creer que se tratara de un avión comercial lleno de pasajeros. Tampoco yo. Pilar Castaño, enviada a New York por RCN para cubrir un evento de modas pasó al aire y confirmaba que, efectivamente, un avión pequeño se había chocado y que había fuego en la Torre Sur. Y luego lo inimaginable: esta vez a vista de todo el mundo (todos los turistas y medios de comunicación estaban enfocando sus cámaras hacia el WTC) un avión comercial impactó la Torre Norte. La perplejidad y confusión eran tan evidentes, que Pilar Castaño insistía en que no había un segundo choque y que solo una torre estaba impactada. Pronto la locutora fue relevada por la voz en directo de la CNN Radio (imagino que esto fue el final de la carrera radial de Castaño y decidió que lo suyo definitivamente no eran las noticias sino las pasarelas). Yo no podía creerlo aún y llegué a la oficina directamente a ver en Internet que ocurría. Las fotos eran impactantes y temblé viendo las imágenes. Casualmente por esos días estaba lleno de trabajo y tuve que concentrarme en mis cosas. Pero al pasar junto a la pantalla de un colega vi el que debe ser el titular más tenebroso que he visto en eltiempo.com: la torre norte había colapsado. Corrí a mi puesto pero el colapso se había extendido hasta Internet y las noticias llegaban lentamente. Me fui a mi carro a oír las noticias en la radio. Todo era desconcierto entre los locutores. Se trataba sin duda de un ataque terrorista. “Bienvenido el siglo XXI”, pensé. Se había acabado oficialmente ese pequeño hueco en la historia donde pocas cosas habían tenido dimensiones globales. “Las vacaciones de la historia” ha sido llamado ese período entre la caída del muro de Berlín y el 9/11. Desde muchos puntos de vista se puede hablar de unos “felices años noventa”. Mi hermano me dijo esta frase: “Lo peor de todo fue ver en los noticieros a esa gente saltando desde lo alto. La única vez que subí a la terraza de la torre me sentí tan asustado por la altura que yo no hubiera sido capaz de saltar aunque el fuego estuviera detrás de mí. Realmente debió ser horrible”. Yo quisiera decir lo contrario, pero todavía vendrán muchos 9/11. No es invadiendo países y matando inocentes como vamos a cambiar el nuevo y oscuro rumbo que ha tomado la Historia.

miércoles, abril 20, 2005

Habemus Papam

Un poco estrambótico el nombre del nuevo Papa. Estrambótico como todo lo que hemos visto en estos días, desde la muerte de Juan Pablo II. ¿Cuánto habrá gastado El Vaticano en actos tan ceremoniosos? ¿se compadece todo este despliegue mediático, lleno de lujos y exotismo religioso, que por cierto debe valer una fortuna, con las penurias físicas y espirituales de tantos católicos por el mundo? Hace rato me alejé de la Iglesia. No obstante, sigo sintiendo algo de respeto por Ella, ni más faltaba. Diez años de estudio con los salesianos no se pueden borrar tan fácilmente del imaginario personal. Digamos en todo caso que la elección del nuevo S.S. no trae ninguna esperanza de volver "al seno de la Santa Madre Iglesia". Como puedo yo ser parte de una institución, cuyo máximo jerarca dice sin tapujos lo siguiente: "No existe fundamento alguno para asimilar o establecer analogía, ni siquiera remota, entre la unión homosexual y el designio de Dios sobre el matrimonio y la familia. El matrimonio es santo, mientras las relaciones homosexuales contradicen las leyes morales naturales. Los actos homosexuales, en efecto, terminan con el acto sexual el regalo de la vida. No son el fruto de una verdadera complementariedad afectiva y sexual. De ningún modo pueden ser aprobados". Lo que más me molesta de esta condena absurda es eso de que "...No son el fruto de una verdadera complementariedad afectiva". ¿Querrá decir S.S. Ratzinger que los homosexuales no sentimos ningún afecto cuando hacemos el amor???. Absurdo. Tan absurdo como gastar millones en un entierro y una coronación que, pese a tanto escándalo, en nada nos va a cambiar la vida porque todo indica que allá en Roma todo va a seguir igual... o peor.
Para terminar, ¿no les parece que el nuevo S.S. no tiene el brillo bonachón de su antecesor y que al contrario, sus ojos apagados inspiran cierto recelo? Recordemos: será el Vicario de Cristo, pero sigue siendo un hombre, como usted o como yo.