domingo, julio 15, 2007
martes, julio 03, 2007
Orgullo
El domingo pasado se realizó la marcha del Orgullo Gay en Bogotá (decimo primera edición), que partió, como ya es tradición, desde el Parque Nacional y se dirigió por la carrera séptima hasta la Plaza de Bolivar. Esta vez contó con una participación que desbordó todos los pronósticos. Dicen en el El Tiempo que asistieron más de 30.000 personas, lo que sin duda marca un hito en este evento. Varias anotaciones sobre el domingo:
1. Me impresionó el gran número de personas jovenes que asistieron y eso me parece esperanzador. En las primeras ediciones, cuando yo rondaba los veinte, recuerdo ahora (con vergüenza) que yo mismo criticaba esa marcha y consideraba que los que participaban eran unas locas patéticas. Estaba muy equivocado y veo con felicidad que ahora los veinteañeros son más inteligentes y valientes de lo que yo era en esa época y se toman la calle con orgullo y alegria. Cómo hemos cambiado ! Qué Viva !
2. Los organizadores han aprendido y todo salió muy bien. Se unieron de manera afortunada, la fiesta, la alegria y también la protesta por la traición que nos hizo el Congreso. Se oyeron consignas de libertad e igualdad para todos. Hubo también espacio para recordar a los diputados cobardemente asesinados. "Ellos también merecían ser libres" decía la pancarta que encabezaba la marcha. Todos aquellos que están a cargo de organizar este evento se merece un aplauso. Clap! Clap!
3. La gente de mi generación (30 pa' arriba) y los más mayorcitos siguen brillando por su ausencia. Si vamos, pero muchos se ubican en las graderías, más como simples expectadores que como participantes... muy mal.
4. Se lució Theatrón con su carroza, excelentemente montada. El DJ de abordo se encargó de amenizar los pasos de todos aquellos que la seguimos, que por cierto, en algunos momentos soportamos una llovizna pertinaz y helada, pero aligerada (y mucho) por los clásicos de esa disco. Felicitaciones a Edison, el genio creador y gerente de ese emporio multicolor llamado Theatrón.
5. Fue muy emocionante el ir llegando a la plaza en medio del frenesí de la música y la energía de la gente que saltaba-corría. Sentí que era una toma multicolor y pacífica del centro de la ciudad, del corazón palpitante de este país, que por unas horas era solo nuestro. La naturaleza nos regaló sol y lluvia y por lo tanto algo de poesía: el arcoirís se apreciaba justo encima de la plaza! Maravillosa coincidencia.
6. Al diablo todos esos matones que mandaron anónimos a los organizadores y participantes y trataron de amedrentarnos para que no asistiéramos. Ojalá alguna vez se sepa quién está detrás de esa bajeza pa' que sepamos de una buena vez a quien hay que pintarrejearle la jeta con labial rojo chillón. Les salió además el tiro por la culata porque la participación en el evento fue la mayor nunca antes registrada.
7. La marcha ha alcanzado masa crítica suficiente para convertirse en adelante en el gran evento que ha debido ser desde un principio. Que siga mejorando y creciendo. El próximo año todos a marchar !!!
Muy pispos mis amigos y yo, no ? Fijénse en el sombrerito vueltiao encintado con los colores del arcoirís... originales, no?.
Nos merecemos un dobleclic!!
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Thorin
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21:52
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Etiquetas: Vida Gay, Vivir en Bogota
jueves, junio 21, 2007
¿De qué hablas Felipe?
Uno de mis blogueros favoritos, Felipe Zuleta, tal vez el más radical de los opositores de Alvaro Uribe, publicó en su blog un post que yo realmente no entiendo. Debo decir que me sorprende y me decepciona a la vez. Creo que no hay necesidad de meterse, aún en la manera críptica en que él lo hace, en la vida familiar del Presidente para criticar la caida de la ley de derechos para parejas del mismo sexo. No ha sido una costumbre de los periodistas colombianos (ni siquiera de los más faranduleros, aunque excepciones las hay) la de ventilar la vida privada de los personajes públicos y en mala hora Felipe Zuleta lo hace. Las respuestas que ofrece el autor a algunos comentarios son contradictorias. Si él empezó, ¿por qué espera después que sus lectores no sigan con la diatriba contra la familia presidencial, un tema que él mismo califica de "sensible"? Creo que esa forma de actuar le resta credibilidad a Zuleta, a quien no le ha temblado nunca la pluma ni la lengua. Esta vez sin embargo, se excedió.
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Thorin
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21:55
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Etiquetas: Politica Gay
miércoles, junio 20, 2007
Insulto
Afortunadamente no había yo celebrado aquí en el blog lo que fue, por corto tiempo, la mejor noticia que había recibido el colectivo gay colombiano: la Cámara había aprobado la ley de derechos patrimoniales y de seguridad social para las parejas del mismo sexo, proyecto que estuvo a punto de hundirse en esa corporación. Todo lo que faltaba en adelante era un simple trámite de conciliación y la aprobación final de la ley se daba por descontada. Pero no fue así. Ayer en la tarde se hundió la conciliación y por lo tanto el proyecto. No importa que se haya discutido ampliamente en el Senado y la Cámara (en comisiones y en plenaria) y en los medios: ayer el proyecto se hundió por las más diversas y pueriles causas: miembros del partido de la U que lo habían votado a favor, se "voltiaron" y lo votaron esta vez en contra (parece ser que por venganzas políticas y bajezas semejantes); muchos senadores estaban en su casa haciendo ya su maleta, ansiosos por irse a sus merecidas vacaciones (trabajar de miércoles a viernes genera estragos en el cuerpo y el espíritu que solo se pueden recuperar con vacaciones de más de tres meses al año); Benedetti, el valiente senador que defendió el proyecto en el senado, se confió y no estuvo al tanto de como iba a ser votada la conciliación; los cristianos pidieron una votación individual y no en bloque (lo que en últimas fue el boquete que permitió la voltiada de los senadores de la U), etc, etc y un largo etc. Y de nuevo todos nosotros nos quedamos con los crespos hechos, plantados en el altar, insultados e indignados. No hay derecho a que seamos nosotros quienes paguemos los platos rotos de las venganzas políticas, del desorden del partido de gobierno y del caos del Congreso en general. Reluce nuevamente el odio incomprensible que nos tienen los congresistas dizque "cristianos".
El señor presiente de la Cámara Cuello Baute debe estar frotándose las manos de la dicha, esbozando una sonrisa de complacencia. Se ha sacado una espina pues aunque usó su poder para frenar cuanto pudo el debate en la Cámara y recurrió luego a los insultos cuando la ley finalmente fue aprobada, había sido derrotado duramente con la aprobación de la ley. Ahora sonríe de nuevo porque ni él mismo pensaba que este fiasco iba a poner freno a una iniciativa que tantos problemas enfrentó pero que ya todos daban como un hecho.
Hasta José Obdulio Gaviria, el más godo de los godos y guardia pretoriano mayor de Uribe, estaba estupefacto (hay que decirlo en todo caso, Uribe siempre estuvo a favor del proyecto, cosa que se le agradece)
Todo este insulto, mayor aún a cualquiera que tengamos que recibir a diario, cuando por fin el consenso de la mayor parte de la sociedad y la política nacional se había puesto a nuestro favor, es una derrota que nos humilla, pero que también nos debe poner en alerta. Nos quedamos, de nuevo, como ciudadanos de segunda y eso no puede seguir así: el otro semestre se tendrá que iniciar la batalla, desde el principio. Fuerza y voluntad.
Hasta José Obdulio Gaviria, el más godo de los godos y guardia pretoriano mayor de Uribe, estaba estupefacto (hay que decirlo en todo caso, Uribe siempre estuvo a favor del proyecto, cosa que se le agradece)
Todo este insulto, mayor aún a cualquiera que tengamos que recibir a diario, cuando por fin el consenso de la mayor parte de la sociedad y la política nacional se había puesto a nuestro favor, es una derrota que nos humilla, pero que también nos debe poner en alerta. Nos quedamos, de nuevo, como ciudadanos de segunda y eso no puede seguir así: el otro semestre se tendrá que iniciar la batalla, desde el principio. Fuerza y voluntad.
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Thorin
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10:15
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miércoles, junio 06, 2007
Semana de locos
- El domingo, tarde en la noche, sonó el timbre en mi puerta. Esperaba a un amigo que iba a devolverme mi portátil que le presté ese mismo día en la mañana. Pero no era él quien timbraba. Era un tipo alto, gordo, de pelo negro y largo, de mirada perdida. Su presencia me llenó de pánico, se me escapó un grito de terror, puse los puños en posición de pugilista, dispuesto a defender mi vida ante ese atacante escapado de algún manicomio. Mi reacción, a lo mejor un poco desmedida, fue totalmente instintiva. El tipo estiró el cuello y echó un vistazo dentro de mi apartamento para luego decir: “Perdón, me equivoqué de piso”. Salió corriendo, supongo que él también bastante asustado con mi reacción. Yo, entre confundido y sorprendido me quedé perplejo y liberé la tensión con una carcajada nerviosa. Desde entonces me he estado preguntado por qué reaccioné así. ¿Por qué lo primero que pensé era que se trataba de un asesino que venía a volverme picadillo y no de un simple vecino extraviado? Algo no marcha bien en mi cabeza...
- El día siguiente, lunes 4 de junio, fue tal vez el día más importante de mi vida. No, no me casé ni nació mi primer hijo, claro que no. Tampoco conocí al amor de mi vida. Fue algo que, de concretarse como parece que ocurrirá, cambiará para siempre el rumbo de mi vida. No lo mencionaré por ahora mientras todo termina de concretarse, aunque algunos de los que pasen por aquí ya saben de que se trata.
- Por razones laborales creo que tendré que irme para Honduras por un mes. ¡Un mes! Me encanta viajar pero no me hace mucha gracia la idea de estar tanto tiempo en un país que, aunque es posible que tenga muchas cosas que valgan la pena, es más pobre que el Vaupés. La ignorancia, en todo caso, es atrevida. Espero no tener que comerme mis palabras. Y perdones por adelantado si algún hondureño pasa por aquí, que lo dudo.
- La teja se le corrió del todo a Uribe II. Yo creo en realidad que el Presidente no sufre de laberintitis, sino que es “El Presidente en su Laberintitis”, como bien dijo algún gracioso, parodiando el libro de Gabo. Me pregunto (y sé que millones de colombianos también lo hacen, incluyendo a uribistas de raca mandaca) si todo este cuento retorcido de la liberación de los guerrilleros a cambio de nada servirá de algo y si las secretas razones de Estado que lo sustentan son justificables. Me temo que no. Lo ocurrido esta semana es de locos. Nuestro diario acontecer es tan alucinante que este debe ser el único país del mundo donde un abogado se opone a que su cliente sea liberado, tal y como lo ha hecho ver el apoderado del guerrillero Granda. Y luego quieren que uno no se imagine que el loco que timbra en la puerta un domingo a las once de la noche sea el mismísimo Jack el destripador, o cualquier otro enviado por la Parca calva.
- Me uno al ruego: ¡liberen a Emanuel! Tener a un niño secuestrado desde antes de nacer es la peor de las infamias. En otro país las marchas que por estos días dieron los universitarios, se hubieran sucedido también y de manera mucho más contundente para pedir por la libertad de ese niño (y de su madre y todos los demás). Pero a nadie parece importarle. Leen el periódico, se enteran del secuestro de la criatura y exclaman alguna cosa. Pero luego voltean la página y se olvidan de todo porque encuentran en las notas de farándula la triste noticia del terrible rompimiento de Juanes y su esposa. Locombia.
- Anoche ví Satanás. Sin duda esta película, de impecable factura, es lo mejor que ha dado el cine criollo. Escalofriante, estremecedora, sale uno del teatro con el espíritu alborotado. Excelente adaptación de la historia original. Lo mejor: Damián Alcazar y Teresa Gutierrez dan sopa y seco en sus papeles. Hay que ir a verla. Es violenta y dura, pero nada allí es gratuito.
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Thorin
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martes, mayo 15, 2007
¿Sexiest?
Como últimamente he estado con temas demasiado profundos, hoy quiero hablar de algo muy, muy lite. Lo expongo con esta pregunta: ¿Son los muchachos de hoy más sexies y atractivos? (ojo: no hablo solo de los gay) En mi época recuerdo que de vez en cuando un se cruzaba con un churro en la calle, pero es que últimamente se me antoja que hay más bellezas por ahí sueltas, aunque todos tienen como común denominador que están entre los 17 y 23. ¿Será que acaso van más al gimnasio, comen menos calorias, hacen más ejercicio? ¿O será la moda de estos días? (porque las pintas noventeras de mis épocas de universitario ahora me parecen horribles y no ayudaban en nada a verse mejorcito, definitivamente en moda no todo tiempo pasado fue mejor) ¿O es que acaso están más en contacto con su lado femenino y se cuidan más, se visten con más atención, son más conscientes de su sensualidad? Los muchachitos bogotanos de hoy en día me parecen super sexies, super sensuales, no sé qué es lo que tienen (aclaro que no todos son bellos, pero sí que ahora hay más). No es que sean unos tipos gigantes y musculosos de quijada cuadrada. No. Se trata de una invasión de bellos muchachos que llaman la atención, que parecen estar más seguros de sí mismos y que saben que ellos también pueden verse bellos si quieren. Tienen una gracia y cierta actitud que definitivamente mi generación no tuvo. Tengo otra hipótesis: la fuerte migración que durante muchas décadas pasadas recibió la ciudad de todas partes del país le cambió, literalmente, la cara a esta ciudad. El típico bogotano cundiboyacense, cachiterrojo y rígido ha dado paso (al menos parcialmente) a un nuevo hombre que representa la variedad genética que aquí se ha reunido. Creo que hay un nuevo bogotanito más bello y además, para no quedarnos en una superficialidad, más orgulloso de su de sí mismos y su ciudad. O será que por el contrario, ¿todo se debe a que mis ojos me engañan y a que me estoy volviendo un viejito verde afectado por cierto mal de vereda?
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Thorin
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20:23
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martes, mayo 08, 2007
El último ladrido de Fernando Vallejo
En la pasada feria del libro compré El fuego secreto, una novela de Fernando Vallejo que el escritor antioqueño publicó en 1986 y que hace parte de su autobiografía El río del tiempo, que incluye otros cuatro títulos. El fuego secreto por lo que he visto hasta ahora, habla de sus tiempos de juventud en Medellín y está escrita, como siempre en él, con rabia, con dureza, con esa prosa que devora todo lo que toca. Vallejo no tiene pelos en la lengua, ninguno. Todo lo que piensa lo dice con inquina, con redundancia, para que quede bien claro cual es su visión del mundo, de Colombia y sus habitantes. No es apto para todos los públicos: clasificación "R". Y sin embargo, Vallejo es uno de los grandes escritores que ha dado Colombia. Hace poco, para no ir muy lejos, El Desbarrancadero y La Virgen de los sicarios fueron elegidas por expertos de toda Hispanoamérica como dos de las novelas más importantes escritas en castellano en los últimos 25 años.
Empecé a leerlo por curiosidad hace algunos años en la universidad, incrédulo de que existiese un escritor colombiano “excelente aunque homosexual” según palabras de un tontarrón compañero de clases a quien en todo caso agradezco habérmelo dado a conocer. Lo primero que pensé, luego de leer las primeras diez páginas de Años de indulgencia es que ese tipo estaba loco, que era un desadaptado y un rencoroso. Como el libro lo pedí prestado de la biblioteca de la universidad y tuve que devolverlo a las dos semanas, aún sin terminarlo, por mucho tiempo no volví a saber del escritor paisa. Hasta que luego volvió a hablarse de él cuando se hizo la versión cinematográfica de La Virgen de los sicarios. Nunca he visto esa película porque el día en que quise hacerlo unos locos sicópatas pusieron una bomba en el centro comercial donde estaba el teatro al que me dirigía. Fue uno de los días más aterradores de mi vida y puedo decir que mi segundo intento por asomarme al mundo de Vallejo casi me cuesta la vida. Frustrado pero nuevamente curioso, sin ningún deseo ya de ver la película, preferí comprar el libro y lo que leí esta vez me dejó impresionado. ¿Cómo no identificarme con la rabia infinita y la profunda violencia con la que estaba escrita esa novela si dos semanas antes medio centro comercial por donde yo transitaba inocentemente voló en mil pedazos? ¿Cómo no estar de acuerdo con que este país camina siempre al borde del precipicio? (aunque yo siempre quiera creer eso, que caminamos en el borde, mientras que Vallejo hace rato nos echó al fondo y nos dio a todos por muertos) Y además, ¿cómo no sentir pena por ese pobre diablo que se enamora de ese diablillo justiciero, tan bello como maldito, héroe de esa historia vertiginosa? Después de La Virgen no pude dejar de leer a Vallejo. Seguí luego con el hermoso pero desgarrador El desbarrancadero y luego las aventuras de Porfirio Barba-Jacob (como él, genio incomprendido en su patria, a parte de que homosexual irredento) en El Mensajero. Y así sucesivamente muchos otro libros, teniendo siempre mucho cuidado de leerlo con prevención, no sea que su dolor y rabia profundos se apoderen de mí. Y tomando siempre espacio entre uno y otro, porque para que todos tengamos claro cuál es su negra visión del mundo, no se cansa de repetirnos sus odios hasta el cansancio.
Tengo que decir aquí lo que más me magnetizó de su obra y su personalidad excéntrica, es su homosexualidad declarada, sin prejuicios y con orgullo. Proclama a a los cuatro vientos sus gustos sexuales. Sublima la belleza masculina. Sin embargo, coherente con su espíritu oscuro, su literatura está llena de relaciones dolorosas donde todo lo que importa es la belleza del amado. Lo único bello en el mundo apocalíptico de Vallejo toma la forma de hermosos muchachos. Y cuando éstos aparecen en sus páginas, todo se redime, al menos por fugaces momentos en que el maestro detiene su cólera para regalarnos hermosos poemas a la belleza, al amor (aunque sea un amor sombrío), a la esperanza. Son fugaces esos momentos de cielo azul, sí, pero son incontestables.
Vallejo, como muchos, no es profeta en su tierra. En el exterior es reconocido como uno de los grandes escritores colombianos (para muchos solo superado por García Márquez, para otros simplemente el mejor). Exiliado en México hace muchos años, la gente del común no sabe mucho de él aquí en Colombia. Sin embargo es el escritor más singular, profundo, rabioso, pulcro en estilo, desgarrador, cruel, inteligente, genial e histérico con que cuenta las letras colombianas. Para mí es simplemente el mejor. Es al que más he leído en los últimos años, al que más he seguido, al que más conozco. Y por lo mismo no me sorprende su decisión de renunciar a la nacionalidad colombiana. Solo a quienes no lo han leído les parecerá un exabrupto, una locura y hasta agradecerán su gesto. Sin embargo todo es una muestra de coherencia de su parte (y no sé hasta que punto, puro humor negro, negrísimo). En toda su obra Colombia aparece como la mala patria, la mala madre, la asesina. Y claro, como nadie quiere que le digan que la madre es una mala mujer (aunque lo sea), muchos lo odian y no ven más allá de sus improperios, como si a eso se limitara su obra. Como si atrás de tanta iracundia no hubiera un hombre asustado, herido y solitario. Su furia esconde a un genio torturado por sus propios fantasmas. Y ahora, luego de hacerse mexicano, el perro rabioso se convierte además en perro hereje que se atreve a negar a su madre patria. Como si bastara con decirlo para negar la patria. Como si ella no se llevara siempre adentro, respirando por cada poro, hablando por nosotros en nuestro acento, en nuestras formas, en nuestros recuerdos más profundos. Porque se puede negar el pasaporte, pero el espíritu labrado por la fuerza del pasado, del tiempo y la infancia, como bien lo sabe el viejo Vallejo, son innegables.
En El desbarrancadero, escribe:
“Colombia asesina, mala patria, ¡país hijo de puta engendro de España! ¿A quién estás matando ahora, loca?"
Ahí, en esa frase está pintado Fernando Vallejo, sin duda el más repudiado de los escritores que ha dado la “mala patria”. Y sin embargo, el grande, el maldito.
Empecé a leerlo por curiosidad hace algunos años en la universidad, incrédulo de que existiese un escritor colombiano “excelente aunque homosexual” según palabras de un tontarrón compañero de clases a quien en todo caso agradezco habérmelo dado a conocer. Lo primero que pensé, luego de leer las primeras diez páginas de Años de indulgencia es que ese tipo estaba loco, que era un desadaptado y un rencoroso. Como el libro lo pedí prestado de la biblioteca de la universidad y tuve que devolverlo a las dos semanas, aún sin terminarlo, por mucho tiempo no volví a saber del escritor paisa. Hasta que luego volvió a hablarse de él cuando se hizo la versión cinematográfica de La Virgen de los sicarios. Nunca he visto esa película porque el día en que quise hacerlo unos locos sicópatas pusieron una bomba en el centro comercial donde estaba el teatro al que me dirigía. Fue uno de los días más aterradores de mi vida y puedo decir que mi segundo intento por asomarme al mundo de Vallejo casi me cuesta la vida. Frustrado pero nuevamente curioso, sin ningún deseo ya de ver la película, preferí comprar el libro y lo que leí esta vez me dejó impresionado. ¿Cómo no identificarme con la rabia infinita y la profunda violencia con la que estaba escrita esa novela si dos semanas antes medio centro comercial por donde yo transitaba inocentemente voló en mil pedazos? ¿Cómo no estar de acuerdo con que este país camina siempre al borde del precipicio? (aunque yo siempre quiera creer eso, que caminamos en el borde, mientras que Vallejo hace rato nos echó al fondo y nos dio a todos por muertos) Y además, ¿cómo no sentir pena por ese pobre diablo que se enamora de ese diablillo justiciero, tan bello como maldito, héroe de esa historia vertiginosa? Después de La Virgen no pude dejar de leer a Vallejo. Seguí luego con el hermoso pero desgarrador El desbarrancadero y luego las aventuras de Porfirio Barba-Jacob (como él, genio incomprendido en su patria, a parte de que homosexual irredento) en El Mensajero. Y así sucesivamente muchos otro libros, teniendo siempre mucho cuidado de leerlo con prevención, no sea que su dolor y rabia profundos se apoderen de mí. Y tomando siempre espacio entre uno y otro, porque para que todos tengamos claro cuál es su negra visión del mundo, no se cansa de repetirnos sus odios hasta el cansancio.
Tengo que decir aquí lo que más me magnetizó de su obra y su personalidad excéntrica, es su homosexualidad declarada, sin prejuicios y con orgullo. Proclama a a los cuatro vientos sus gustos sexuales. Sublima la belleza masculina. Sin embargo, coherente con su espíritu oscuro, su literatura está llena de relaciones dolorosas donde todo lo que importa es la belleza del amado. Lo único bello en el mundo apocalíptico de Vallejo toma la forma de hermosos muchachos. Y cuando éstos aparecen en sus páginas, todo se redime, al menos por fugaces momentos en que el maestro detiene su cólera para regalarnos hermosos poemas a la belleza, al amor (aunque sea un amor sombrío), a la esperanza. Son fugaces esos momentos de cielo azul, sí, pero son incontestables.
Vallejo, como muchos, no es profeta en su tierra. En el exterior es reconocido como uno de los grandes escritores colombianos (para muchos solo superado por García Márquez, para otros simplemente el mejor). Exiliado en México hace muchos años, la gente del común no sabe mucho de él aquí en Colombia. Sin embargo es el escritor más singular, profundo, rabioso, pulcro en estilo, desgarrador, cruel, inteligente, genial e histérico con que cuenta las letras colombianas. Para mí es simplemente el mejor. Es al que más he leído en los últimos años, al que más he seguido, al que más conozco. Y por lo mismo no me sorprende su decisión de renunciar a la nacionalidad colombiana. Solo a quienes no lo han leído les parecerá un exabrupto, una locura y hasta agradecerán su gesto. Sin embargo todo es una muestra de coherencia de su parte (y no sé hasta que punto, puro humor negro, negrísimo). En toda su obra Colombia aparece como la mala patria, la mala madre, la asesina. Y claro, como nadie quiere que le digan que la madre es una mala mujer (aunque lo sea), muchos lo odian y no ven más allá de sus improperios, como si a eso se limitara su obra. Como si atrás de tanta iracundia no hubiera un hombre asustado, herido y solitario. Su furia esconde a un genio torturado por sus propios fantasmas. Y ahora, luego de hacerse mexicano, el perro rabioso se convierte además en perro hereje que se atreve a negar a su madre patria. Como si bastara con decirlo para negar la patria. Como si ella no se llevara siempre adentro, respirando por cada poro, hablando por nosotros en nuestro acento, en nuestras formas, en nuestros recuerdos más profundos. Porque se puede negar el pasaporte, pero el espíritu labrado por la fuerza del pasado, del tiempo y la infancia, como bien lo sabe el viejo Vallejo, son innegables.
En El desbarrancadero, escribe:
“Colombia asesina, mala patria, ¡país hijo de puta engendro de España! ¿A quién estás matando ahora, loca?"
Ahí, en esa frase está pintado Fernando Vallejo, sin duda el más repudiado de los escritores que ha dado la “mala patria”. Y sin embargo, el grande, el maldito.
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Thorin
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Etiquetas: Cine, Cuentos by Thorin, Literatura
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