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lunes, julio 30, 2007

Harry Potter Nude




La quinta entrega de Harry Potter me ha parecido hasta ahora la mejor porque es un poco más oscura, más lejana de ese cuento de hadas que era la primera entrega. Ahora todo es un poco menos fácil para Harry y compañía, entre otras cosas porque estos muchachitos han crecido (y muy rápido) y por lo tanto sus conflictos adolescentes empiezan a aflorar (teniendo en cuenta que sus problemas incluyen la presenca de un mago maligno, fuerzas oscuras y duros exámenes de hechicería). Pero no quiero hablar aquí de la película (ya dije que a mi parecer es la mejor de la serie hasta ahora) pero sí de otros temas relacionados:

Para comenzar, sólo ahora que veo la película me siento intrigado por primera vez por los libros del joven mago. Solo hasta ahora veo que hay algo allí de lo que me he ido perdiendo. No era fan de los libros Harry Potter entre otras cosas porque me parecía que su autora era facilista y poco sería y porque siempre he desconfiado de los best-sellers. Sin embargo, he cambiado de opinion y pienso leer las aventuras de Harry, al menos desde la entrega de la Orden del Fénix. Creo que por lo menos voy a tener algo de diversión y sé bien que aunque es poco probable que mi vida cambie de forma inimaginada, por lo menos espero pasar buenos ratos.

Por otro lado, me parece que Daniel Radcliff se ha ido poniendo buen mozo y ya no es más el niñito frágil de antes. Solo me preguntó si se quedará Harry Radcliff (o Daniel Potter) destinado a no conseguir nada más en las pantallas y si su personaje hundirá su carrera. Ejemplos abundan (recordar a Luke o Frodo, por ejemplo). Por lo pronto y pensando talvez en ello, el joven actor se quitó la ropa para una obra londinense llamada Eqqus (que trata la inverosímil historia de un joven enamorado de su caballo... creo haber visto una vieja película con el mismo título y la misma trama). Supongo que el muchacho quiere quitarse su imagen de niñito dulce que hemos visto crecer. Aquí está nuestro Harry Potter, como Dios lo trajo al mundo... se nos creció el muchacho. Qué les parece ? Yo con gusto montaría en su escoba... jeje.

martes, mayo 08, 2007

El último ladrido de Fernando Vallejo

En la pasada feria del libro compré El fuego secreto, una novela de Fernando Vallejo que el escritor antioqueño publicó en 1986 y que hace parte de su autobiografía El río del tiempo, que incluye otros cuatro títulos. El fuego secreto por lo que he visto hasta ahora, habla de sus tiempos de juventud en Medellín y está escrita, como siempre en él, con rabia, con dureza, con esa prosa que devora todo lo que toca. Vallejo no tiene pelos en la lengua, ninguno. Todo lo que piensa lo dice con inquina, con redundancia, para que quede bien claro cual es su visión del mundo, de Colombia y sus habitantes. No es apto para todos los públicos: clasificación "R". Y sin embargo, Vallejo es uno de los grandes escritores que ha dado Colombia. Hace poco, para no ir muy lejos, El Desbarrancadero y La Virgen de los sicarios fueron elegidas por expertos de toda Hispanoamérica como dos de las novelas más importantes escritas en castellano en los últimos 25 años.

Empecé a leerlo por curiosidad hace algunos años en la universidad, incrédulo de que existiese un escritor colombiano “excelente aunque homosexual” según palabras de un tontarrón compañero de clases a quien en todo caso agradezco habérmelo dado a conocer. Lo primero que pensé, luego de leer las primeras diez páginas de Años de indulgencia es que ese tipo estaba loco, que era un desadaptado y un rencoroso. Como el libro lo pedí prestado de la biblioteca de la universidad y tuve que devolverlo a las dos semanas, aún sin terminarlo, por mucho tiempo no volví a saber del escritor paisa. Hasta que luego volvió a hablarse de él cuando se hizo la versión cinematográfica de La Virgen de los sicarios. Nunca he visto esa película porque el día en que quise hacerlo unos locos sicópatas pusieron una bomba en el centro comercial donde estaba el teatro al que me dirigía. Fue uno de los días más aterradores de mi vida y puedo decir que mi segundo intento por asomarme al mundo de Vallejo casi me cuesta la vida. Frustrado pero nuevamente curioso, sin ningún deseo ya de ver la película, preferí comprar el libro y lo que leí esta vez me dejó impresionado. ¿Cómo no identificarme con la rabia infinita y la profunda violencia con la que estaba escrita esa novela si dos semanas antes medio centro comercial por donde yo transitaba inocentemente voló en mil pedazos? ¿Cómo no estar de acuerdo con que este país camina siempre al borde del precipicio? (aunque yo siempre quiera creer eso, que caminamos en el borde, mientras que Vallejo hace rato nos echó al fondo y nos dio a todos por muertos) Y además, ¿cómo no sentir pena por ese pobre diablo que se enamora de ese diablillo justiciero, tan bello como maldito, héroe de esa historia vertiginosa? Después de La Virgen no pude dejar de leer a Vallejo. Seguí luego con el hermoso pero desgarrador El desbarrancadero y luego las aventuras de Porfirio Barba-Jacob (como él, genio incomprendido en su patria, a parte de que homosexual irredento) en El Mensajero. Y así sucesivamente muchos otro libros, teniendo siempre mucho cuidado de leerlo con prevención, no sea que su dolor y rabia profundos se apoderen de mí. Y tomando siempre espacio entre uno y otro, porque para que todos tengamos claro cuál es su negra visión del mundo, no se cansa de repetirnos sus odios hasta el cansancio.

Tengo que decir aquí lo que más me magnetizó de su obra y su personalidad excéntrica, es su homosexualidad declarada, sin prejuicios y con orgullo. Proclama a a los cuatro vientos sus gustos sexuales. Sublima la belleza masculina. Sin embargo, coherente con su espíritu oscuro, su literatura está llena de relaciones dolorosas donde todo lo que importa es la belleza del amado. Lo único bello en el mundo apocalíptico de Vallejo toma la forma de hermosos muchachos. Y cuando éstos aparecen en sus páginas, todo se redime, al menos por fugaces momentos en que el maestro detiene su cólera para regalarnos hermosos poemas a la belleza, al amor (aunque sea un amor sombrío), a la esperanza. Son fugaces esos momentos de cielo azul, sí, pero son incontestables.

Vallejo, como muchos, no es profeta en su tierra. En el exterior es reconocido como uno de los grandes escritores colombianos (para muchos solo superado por García Márquez, para otros simplemente el mejor). Exiliado en México hace muchos años, la gente del común no sabe mucho de él aquí en Colombia. Sin embargo es el escritor más singular, profundo, rabioso, pulcro en estilo, desgarrador, cruel, inteligente, genial e histérico con que cuenta las letras colombianas. Para mí es simplemente el mejor. Es al que más he leído en los últimos años, al que más he seguido, al que más conozco. Y por lo mismo no me sorprende su decisión de renunciar a la nacionalidad colombiana. Solo a quienes no lo han leído les parecerá un exabrupto, una locura y hasta agradecerán su gesto. Sin embargo todo es una muestra de coherencia de su parte (y no sé hasta que punto, puro humor negro, negrísimo). En toda su obra Colombia aparece como la mala patria, la mala madre, la asesina. Y claro, como nadie quiere que le digan que la madre es una mala mujer (aunque lo sea), muchos lo odian y no ven más allá de sus improperios, como si a eso se limitara su obra. Como si atrás de tanta iracundia no hubiera un hombre asustado, herido y solitario. Su furia esconde a un genio torturado por sus propios fantasmas. Y ahora, luego de hacerse mexicano, el perro rabioso se convierte además en perro hereje que se atreve a negar a su madre patria. Como si bastara con decirlo para negar la patria. Como si ella no se llevara siempre adentro, respirando por cada poro, hablando por nosotros en nuestro acento, en nuestras formas, en nuestros recuerdos más profundos. Porque se puede negar el pasaporte, pero el espíritu labrado por la fuerza del pasado, del tiempo y la infancia, como bien lo sabe el viejo Vallejo, son innegables.

En El desbarrancadero, escribe:

“Colombia asesina, mala patria, ¡país hijo de puta engendro de España! ¿A quién estás matando ahora, loca?"

Ahí, en esa frase está pintado Fernando Vallejo, sin duda el más repudiado de los escritores que ha dado la “mala patria”. Y sin embargo, el grande, el maldito.

lunes, marzo 26, 2007

Cien Años de Soledad

Por estos días Gabo ronda en boca de todos: cumplió ochenta años el escritor, se celebró el aniversario 25 de haber recibido el Nobel y se cumplen 40 años de la publicación de Cien Años de Soledad. Hoy el autor fue celebrado en el Congreso de la Lengua en Cartagena. Mejor dicho, Gabo hasta en la sopa. Algunos dicen que es excesivo, pero creo que siempre serán mejores todos los homenajes que le hagan a uno en vida que un bello mausoleo conmemorativo. Además creo que Gabo, en su faceta de escritor, se los merece.

Leí Cien Años de Soledad a los 14 años y puedo decir, corriendo el riesgo de caer en clichés del más desgastado chovinismo literario, que ese libro representó para mí el más feliz de los descubrimientos. Mi vida cambió, tengo que decirlo, porque la fuerza y poder de ese libro llegó a lo más profundo de mi joven espíritu. A esa edad cualquier libro de más de 200 páginas se mira con recelo y se levanta con bostezos. Tengo que decir que en ese entonces (quién sabe como será ahora) era lectura obligada en el colegio y no tuve más remedio que tomar el ejemplar que había en la biblioteca de mi abuelo. Y pronto quedé prendado de la saga de los Buendía, leyendo sin pausa cada día durante dos semanas, maravillado de esa fábula colombiana y caribeña que se hace universal. Ahora que soy lector aficionado, tengo que decir que fue gracias a Cien Años que el hábito de la lectura se afianzó en mí desde la juventud, lo que ha sido toda una fortuna. Nada mejor que un libro para pasar esas tardes en que uno está solo y aburrido, alojado en un hotel lejos de todo, en un avión sin compañia o perdido en una playa soleada. No sé que haría sin ellos.

Por muchos años pensé que Cien Años era insuperable y lo consideraba mi libro favorito. No obstante siempre llegaron a mí otras maravillas impresas que me marcaron de otras maneras (y que ahora no voy a citar porque no viene al caso). Ahora pienso que Gabo ya no es más mi autor favorito, que ya escribió todo lo que tenía que escribir, que no todo lo que ha escrito es tan sobresaliente y que además, ya es hora de que otras voces colombianas sean leídas, como en efecto felizmente ha ido ocurriendo.

Cien Años de Soledad es el Génesis de nuestro país, de nuestra América, de nuestro mundo, y por eso es universal. Todas las historias están allí, el mundo (o casi todo) está resumido en sus páginas. El realismo mágico en su máxima expresión. Lo he leído en dos ocasiones más y cada vez lo he visto desde nuevas perspectivas, cada vez he leido un libro diferente (uno no se baña dos veces en el mismo río y así mismo, uno no lee dos veces el mismo libro, me dijo hace poco un ingenioso). Siempre he encontrado una obra magistral, llena de metáforas surrealistas de la vida. A propósito: ¿Y las mariposas amarillas? ¿Por qué son tan representativas del mundo macondiano? Mauricio Babilonia aparece ya hacia el final de la historia, siempre rodeado de mariposas de ese color, siguiendo enajenado a su enamorada. Yo creo que no son otra cosa que esas mariposas que uno siente en el estómago cuando está enamorado y son amarillas porque a Gabo le encanta ese color. Es decir, las mariposas amarillas son el amor. Tal exhibición tan vistosa de sentimientos le costo caro a Babilonia, el único personaje que realmente amó en la historia de Macondo, pues su osadía le valió un disparo por parte de su suegra, la amargada Fernanda del Carpio. Fue el padre del último descendiente de los Buendía, que nació con cola de cerdo, lo que anunciaba el fin de la estirpe condenada a vivir cien años de soledad.

Quien no lo haya leído todavía puede ir y comprar la edición conmemorativa que se ha publicado por estos días. Creo que es algo que todo colombiano debería hacer para que juzgue si es verdad todo lo que se ha dicho por estos días. Estoy seguro de que estará de acuerdo.

Y dejemos la quejadera (vicio esteril): que Garcia Marquez vive en el extranjero, que es amigo de Fidel, que no ayuda a nuestro país, que es el colmo que él sea celebrado mientras el país se incendia, que esto y que lo otro, como si García Márquez, por el simple hecho de ser un escritor famoso tuviera que cargar con los líos que entre todos hemos armado; como si tuviera que ser una persona pía; siempre querida; límpida y transparente; más del reino de los cielos que del mundo. Pamplinas: él es un escritor consumado y no tiene porque venir a resolver entuertos porque, además, si lo hiciera, no lo haría nada bien ya que él es escritor, no político o tecnócrata. Y si es amigo de Fidel, pues que lo sea. No creo que esa amistad legitime ese regimen moribundo desligitimado ya suficientemente por el propio Fidel y compañía. Hay que juzgarlo por lo único que se puede juzgar a un escritor: por su obra, que habla por él. Juzgarlo por su forma de ver o de pensar la vida, de sus gustos o aficiones personales (si es que ningún mal le hacen a nadie) me suena, me suena... y no me gusta como se oye.

* * *

Apunte sobre el post anterior: gracias a todos por los comentarios sobre mi entrada anterior, un tema siempre polémico. Haciendo una pequeña conclusión sobre un tema del que se puede decir mucho, creo que la paternidad es un desafío para todos, heteros u homos, aunque sí, para estos últimos, como dice Milo, siempre será una labor aún más exigente. A quienes pasaron por aquí por primera vez, muchas gracias. Por otro lado, Joey hace alusión a algo que yo siempre he pensado: que los gay tenemos cierto complejo de Peter Pan, en parte, creo yo, por el hecho de querer ser eternos adolescentes, persiguiendo siempre la efímera juventud (y por perseguir hablo en todos los sentidos). Creo que es buena idea para un post posterior.