viernes, abril 20, 2007

Vocifera Uribe II


Yo creo que nuestro autoproclamado rey, don Uribe II, nuestro padrecito Uribe (¿oyeron su voz de curita de pueblo diciendo aquello de que los jóvenes debían esperar al matrimonio para "darse el gustico"?) no tiene vergüenza y cree, en su mesianismo, que su famoso 70% de popularidad (o cuanto sea) le da patente de corso para hacer y decir cuanto le plazca. Leo en eltiempo.com que Uribe dijo anoche lo siguiente y la indignación me abruma:

"...Así mismo, dejó implícito que el DAS les está haciendo seguimiento a congresistas que están en contra del TLC. Al respecto Uribe dijo: "Tengo pruebas de inteligencia militar y de Policía de personas que dicen: 'Ya nos tiramos el Tratado en E.U. acusando al tal por cual de Uribe'". "Las coincidencias es que muchos de los críticos que han ido allá son adversarios aquí del TLC, pero no voy a hacer alusiones personales (...) Son congresistas (...) pregúntenle al doctor Peñate (...) es que proceden muy evidentemente, no se cuidan tanto como creen cuidarse"."

Todo en esa frase me asquea. ¿La policía y el DAS no deberían estar siguiendo a guerrilleros y paracos, estos sí verdaderos criminales? Por qué tienen chuzados a congresistas, con los que uno puede no estar de acuerdo, pero que fueron elegidos democráticamente por ciudadanos colombianos ? Es que acaso no tienen derecho constitucional estos opositores de disentir y de ir a Estados Unidos y reunirse con congresistas de ese país y hablar del TLC ? ¿Y qué es eso de que “...proceden muy evidentemente, no se cuidan tanto como creen cuidarse”? ¿Cuidarse de quién? ¿Acaso del señor Peñate, jefe del DAS? Nixon renunció a la presidencia cuando se supo que las líneas de la sede demócrata habían sido intervenidas ilegalmente. Aquí, por su puesto, nunca pasará nada.

Reconozco el cambio que se ha propiciado en el país desde que Uribe ha asumido el rumbo, aunque tengo que decir también que hay muchas cosas que me huelen muy mal (de hecho huelen horrible) y he aquí una de esas cosas: Uribe no soporta la disidencia, no soporta que haya oposición, cree tontamente que los que no están con él están contra el país. Se sale de camisa con demasiada frecuencia y no está a la altura de la dignidad presidencial. Y lo peor de todo es que sabe que con esas salidas se gana los aplausos de las graderías, colmados por personas que solo se alimentan de la bondad de los medios masivos (la televisión sobretodo) para con él. Ver el pobre análisis de las noticias del canal de televisión RCN es una muestra de zalamería que causa vergüenza.

Muy mal habla de nosotros los colombianos el famoso 70%. Yo creo simplemente que, como dijo alguien por ahí, los optimistas son pesimistas mal informados. Nadie quiere oír la verdad, nadie quiere que le digan algo contrario a lo que quiere escuchar, nadie quiere que le demuestren que no existe la cuadratura del círculo que nos han ido vendiendo. Para qué oír palabras necias si este círculo-cuadrado en que nos dicen que vivimos es único y maravilloso. Es la ingenuidad de los borregos.

Que sepa el señor Uribe que entre ese 30% de personas que disienten de él no todos son apátridas y criminales. Hay personas sensatas que esperan que explique declaraciones como las citadas arriba, que no le hacen ningún favor a este enredado país que busca sin saber donde su destino. Señor Uribe: Colombia no es su finca y los colombianos no somos sus peones.

lunes, marzo 26, 2007

Cien Años de Soledad

Por estos días Gabo ronda en boca de todos: cumplió ochenta años el escritor, se celebró el aniversario 25 de haber recibido el Nobel y se cumplen 40 años de la publicación de Cien Años de Soledad. Hoy el autor fue celebrado en el Congreso de la Lengua en Cartagena. Mejor dicho, Gabo hasta en la sopa. Algunos dicen que es excesivo, pero creo que siempre serán mejores todos los homenajes que le hagan a uno en vida que un bello mausoleo conmemorativo. Además creo que Gabo, en su faceta de escritor, se los merece.

Leí Cien Años de Soledad a los 14 años y puedo decir, corriendo el riesgo de caer en clichés del más desgastado chovinismo literario, que ese libro representó para mí el más feliz de los descubrimientos. Mi vida cambió, tengo que decirlo, porque la fuerza y poder de ese libro llegó a lo más profundo de mi joven espíritu. A esa edad cualquier libro de más de 200 páginas se mira con recelo y se levanta con bostezos. Tengo que decir que en ese entonces (quién sabe como será ahora) era lectura obligada en el colegio y no tuve más remedio que tomar el ejemplar que había en la biblioteca de mi abuelo. Y pronto quedé prendado de la saga de los Buendía, leyendo sin pausa cada día durante dos semanas, maravillado de esa fábula colombiana y caribeña que se hace universal. Ahora que soy lector aficionado, tengo que decir que fue gracias a Cien Años que el hábito de la lectura se afianzó en mí desde la juventud, lo que ha sido toda una fortuna. Nada mejor que un libro para pasar esas tardes en que uno está solo y aburrido, alojado en un hotel lejos de todo, en un avión sin compañia o perdido en una playa soleada. No sé que haría sin ellos.

Por muchos años pensé que Cien Años era insuperable y lo consideraba mi libro favorito. No obstante siempre llegaron a mí otras maravillas impresas que me marcaron de otras maneras (y que ahora no voy a citar porque no viene al caso). Ahora pienso que Gabo ya no es más mi autor favorito, que ya escribió todo lo que tenía que escribir, que no todo lo que ha escrito es tan sobresaliente y que además, ya es hora de que otras voces colombianas sean leídas, como en efecto felizmente ha ido ocurriendo.

Cien Años de Soledad es el Génesis de nuestro país, de nuestra América, de nuestro mundo, y por eso es universal. Todas las historias están allí, el mundo (o casi todo) está resumido en sus páginas. El realismo mágico en su máxima expresión. Lo he leído en dos ocasiones más y cada vez lo he visto desde nuevas perspectivas, cada vez he leido un libro diferente (uno no se baña dos veces en el mismo río y así mismo, uno no lee dos veces el mismo libro, me dijo hace poco un ingenioso). Siempre he encontrado una obra magistral, llena de metáforas surrealistas de la vida. A propósito: ¿Y las mariposas amarillas? ¿Por qué son tan representativas del mundo macondiano? Mauricio Babilonia aparece ya hacia el final de la historia, siempre rodeado de mariposas de ese color, siguiendo enajenado a su enamorada. Yo creo que no son otra cosa que esas mariposas que uno siente en el estómago cuando está enamorado y son amarillas porque a Gabo le encanta ese color. Es decir, las mariposas amarillas son el amor. Tal exhibición tan vistosa de sentimientos le costo caro a Babilonia, el único personaje que realmente amó en la historia de Macondo, pues su osadía le valió un disparo por parte de su suegra, la amargada Fernanda del Carpio. Fue el padre del último descendiente de los Buendía, que nació con cola de cerdo, lo que anunciaba el fin de la estirpe condenada a vivir cien años de soledad.

Quien no lo haya leído todavía puede ir y comprar la edición conmemorativa que se ha publicado por estos días. Creo que es algo que todo colombiano debería hacer para que juzgue si es verdad todo lo que se ha dicho por estos días. Estoy seguro de que estará de acuerdo.

Y dejemos la quejadera (vicio esteril): que Garcia Marquez vive en el extranjero, que es amigo de Fidel, que no ayuda a nuestro país, que es el colmo que él sea celebrado mientras el país se incendia, que esto y que lo otro, como si García Márquez, por el simple hecho de ser un escritor famoso tuviera que cargar con los líos que entre todos hemos armado; como si tuviera que ser una persona pía; siempre querida; límpida y transparente; más del reino de los cielos que del mundo. Pamplinas: él es un escritor consumado y no tiene porque venir a resolver entuertos porque, además, si lo hiciera, no lo haría nada bien ya que él es escritor, no político o tecnócrata. Y si es amigo de Fidel, pues que lo sea. No creo que esa amistad legitime ese regimen moribundo desligitimado ya suficientemente por el propio Fidel y compañía. Hay que juzgarlo por lo único que se puede juzgar a un escritor: por su obra, que habla por él. Juzgarlo por su forma de ver o de pensar la vida, de sus gustos o aficiones personales (si es que ningún mal le hacen a nadie) me suena, me suena... y no me gusta como se oye.

* * *

Apunte sobre el post anterior: gracias a todos por los comentarios sobre mi entrada anterior, un tema siempre polémico. Haciendo una pequeña conclusión sobre un tema del que se puede decir mucho, creo que la paternidad es un desafío para todos, heteros u homos, aunque sí, para estos últimos, como dice Milo, siempre será una labor aún más exigente. A quienes pasaron por aquí por primera vez, muchas gracias. Por otro lado, Joey hace alusión a algo que yo siempre he pensado: que los gay tenemos cierto complejo de Peter Pan, en parte, creo yo, por el hecho de querer ser eternos adolescentes, persiguiendo siempre la efímera juventud (y por perseguir hablo en todos los sentidos). Creo que es buena idea para un post posterior.

lunes, marzo 19, 2007

Padres (gay) e Hijos (felices)

Últimamente mi instinto paternal (o maternal) se ha despertado. Me encantan los niños, son sin duda las personas más maravillosas que existen. Me gusta jugar, hablar con ellos. Admiro su sentido común, su mirada del mundo sin prejuicios, su risa fácil, su curiosidad sin límites, su capacidad de sorpresa, su energía inagotable. Sí, es cierto que lloran, gritan, hacen pataleo, discuten y alzan la voz y para completar, pueden ser crueles (sobre todo entre ellos). Sin embargo, creo que todas esas cosas son normales a esa edad o en el peor de los casos, se trata de pura y simple mala educación, y por lo tanto la culpa no es de los críos sino de sus padres.

Hace poco, tuve que almorzar solo en un restaurante y en la mesa de al lado estaba un joven padre con su hijito de unos dos años. El padre, con paciencia infinita, alimentaba a su hijito con tanta ternura que se me arrugó el corazón. Ese día, solo en la mesa, comprendí que una de las cosas más duras de aceptar de esta vida es la injusticia que representa el hecho de que la sociedad no nos da la oportunidad de ser padres y de que si acaso lo llegamos a ser, somos juzgados con severidad y vistos como monstruos. Dado que últimamente tengo mi espíritu justiciero alborotado, ese día en el restaurante tuve un nuevo ataque de indignidad. Tantos niños abandonados en este país, creciendo solos en un instituto y a aquellos de nosotros que quisiéramos tener hijos, nos darían un portazo en la cara si acaso fuéramos al Bienestar Familiar a preguntar por el proceso de solicitud. Parejas homosexuales estables (en lo sentimental y económico) podrían criar un hijo sin mayores problemas, estoy seguro. El problema estaría más de puertas para afuera que al interior de su casa. Las burlas crueles, las miradas de reproche, los prejuicios (aún entre otros familiares y amigos de la pareja) serían una dura prueba. Pero hay que acabar con todos los prejuicios, empezando, como siempre, entre nosotros mismos. No todos los gay somos unos perros fiesteros y drogadictos que no pueden cuidar ni siquiera de sí mismos. Es falso. Sentar cabeza también es posible en este mundo del arco iris: yo ya veo llegar el día en que mi espíritu fiestero me abandone y quiera dedicarme más a las labores del hogar. Y llegado ese día, ¿qué haré? ¿Criar sobrinos? ¿Y si uno no tiene sobrinos? ¿O si los sobrinos están lejos? No es lo mismo, en todo caso, alcahuetear sobrinos y ser el tío bacano que educar un niño. Sin embargo, en las actuales circunstancias, el papel del tío querido es lo mejor que podemos esperar que nos suceda.

En una ocasión anterior escribí que este es un tema que levanta ampolla y genera mucha resistencia, aun en sectores más liberales. Pero es el siguiente paso, luego de la legalización de nuestras vidas en pareja. Y no se trata, como algunos dicen, de un atentado contra la familia. El concepto de familia conformado por papá, mamá e hijos ya no es la norma. Hay familias de padres divorciados, madres solteras o de hijos criados por sus abuelos por doquier. La familia estándar está en vía de desaparecer, que le vamos a hacer. Sigue siendo ideal que alguien crezca al lado de sus dos padres pero no debe importar la orientación sexual de éstos (como tampoco si solo hay uno o dos). Yo siempre he querido preguntarles a aquellos que dicen que padres homosexuales producen hijos homosexuales ¿por qué entonces yo, criado por padres heterosexuales salí gay y no un machito hetero? Como siempre, la ignorancia aparece aquí como madre de todos los prejuicios.

No es que yo quiera en este justo momento de mi vida adoptar o tener un bebé por inseminación artificial, pero puede que un día esté listo para asumir esa etapa de la vida, tener una familia y convertirme en papá. Y ese día, entonces, tendré que asumir una nueva discriminación porque no podré ser un papá feliz, así como antes no pude ser un joven gay feliz, ¡que bonito! ¿Egalité, liberté et fraternité? Me encanta la democracia.

Encontré los siguientes resultados de varios estudios realizados en Estados Unidos entre hijos criados por parejas de padres homosexuales (la traducción es mía):

- No hay ninguna evidencia de que los niños con padres LGBT presenten daño psicológico o físico.

- Las personas con padres LGBT tienen la misma incidencia de homosexualidad que la población general, que es alrededor del 10%. Ningún estudio ha demostrado que padres LGBT afecten la sexualidad de sus hijos (Patterson, Charlotte J. 1992)

- Las investigaciones indican que los niños con padres LGBT están más expuestos a personas del sexo opuesto que muchos niños de padres heterosexuales (Rofes, E.E., 1983, Herdt, 1989)

- Los estudios demuestran que las personas con padres LGBT tienen una actitud más tolerante hacia muchos aspectos de la vida que personas con padres heterosexuales (Harris and Turner, 1985/86)

- Hijas de lesbianas tienen mayor autoestima que hijas de madres heterosexuales. Los hijos de padres gay son más serviciales y menos agresivos (Hoeffer, 1981)

- En mediciones de bienestar psicosocial, comportamiento en la escuela y relaciones y comportamientos románticos, los adolescentes con padres del mismo sexo se muestran tan adaptados como sus compañeros con padres de sexo opuesto. Un indicador más importante para predecir el comportamiento social y psicológico de los adolescentes es la calidad de las relaciones que tengan con sus padres (National Longitudinal Study of Adolescent Health, 2004)

- La mayoría de los problemas que deben enfrentar los niños con padres LGBT se refieren más a los retos de tener que lidiar con el divorcio, la homofobia y la transofobia en la sociedad que con la orientación sexual o la identidad de género de sus padres.

Hace poco oí que en España (país modelo para la igualdad de derechos de los homosexuales) los nuevos textos escolares hablan ahora sobre familias compuestas por padres e hijos, donde los padres pueden ser madres solteras, padres divorciados y a demás ambos pueden ser heterosexuales u homosexuales. La Iglesia, siempre retardataria, ha puesto el grito en el cielo. Prefieren, me imagino, que los niños de padres homosexuales sean acosados por sus compañeros más matoncitos. No entienden que este nuevo material hace que todos los niños aprendan de respeto y tolerancia, valores que la Iglesia predica pero no aplica. ¡Ay Jesús, lo que se hace en tu nombre!

Ahora bien, ¿estamos todos preparados para ser padres? Claro que no. Podemos ser buenos padres: por supuesto que sí. Nosotros también tenemos valores. Es verdad que no todos nosotros lo deseamos pero no podemos permitir que los juicios y prejuicios se levanten impunes contra aquellos que quieren y pueden serlo. Nuestra solidaridad como colectivo debe dirigirse hacia aquellas parejas homosexuales que deseen tener hijos porque están en todo su derecho. No podemos ser nosotros el vector principal de la discriminación.

Talvez me convierta en papá algún día. Y si ese día llega, que seamos felices, el niño, su padre, su madre y yo o quienes sean que estemos involucrados. Y si tal dicha, por elección o destino no llega, pues me dedicaré a consentir a mis sobrinos y los hijos de mis amigas, lo que también me hará muy feliz.

miércoles, febrero 07, 2007

Justicia

El día llegó. Hace pocas horas, la Corte Constitucional sentenció que las parejas homosexuales tienen los mismos derechos que las heterosexuales, al menos en cuanto a derechos patrimoniales se refiere. Lo que no se logró hacer en el Congreso, se concretó por vía judicial. Un grupo de valientes ciudadanos, a quienes todos les debemos nuestra gratitud, encabezados por Colombia Diversa, demandó la ley 54 de 1990 donde se indicaba que las sociedades patrimoniales de hecho estaban conformadas solo por un hombre y una mujer. La demanda se presentó porque dicha ley implicaba una abierta discriminación contra las parejas homosexuales. Hoy, fecha histórica, la Corte sentenció a favor de los demandantes. En adelante, todas las parejas que hayan convivido por no menos de dos años, no importa si son heterosexuales o no, constituirán una sociedad patrimonial. No estamos hablando de matrimonio, solo de protección del patrimonio (por ahora parece ser que el tema de igualdad ante la seguridad social no es claro), de reconocimiento de derechos básicos ligados a una unión conformada por dos personas adultas. El proyecto de ley que estaba en curso en el congreso proponía lo mismo. Lo hemos logrado, es un triunfo de todos.

Algunos de nosotros han expresado que esta ley ni quita ni pone. Sin lugar a dudas, quienes hoy estén pasando por una situación de injusticia extrema, pensarán diferente. Cuantas historias de viudos puestos en la calle por cuenta de familiares indolentes y avaros no hemos oído. El solo hecho de que exista esta ley, indica que Colombia es un poquito más justa. Es verdad que no se ha decretado la aceptación social y no podemos pretender que de ahora en adelante podremos salir a la calle cogidos de la mano o que saludaremos al novio de beso frente a los compañeros de trabajo (día que llegará alguna vez, sí señor). Como dije alguna vez, esas cosas toman un poco más de tiempo. Sin embargo, como no, sentencias como esta son un escalón más en la construcción de esa larga (y a veces tortuosa) escalera que representa la aceptación total de los gay.

Tampoco significa que en adelante la vida será más fácil para nosotros ni que los juzgados y notarias se llenarán de miles de parejas buscando formalizar su situación. La vida en pareja tampoco se decreta. Pero en adelante, quienes gocen de una vida conyugal, tendrán un respaldo jurídico que contribuirá a darles mayor estabilidad material, emocional y moral.

En algunos años, la sociedad colombiana tal vez esté más madura para que empecemos a hablar de matrimonio y adopción, temas que yo por supuesto apoyo, pero que requieren de más discusión y que sin duda generan mayor resistencia, aun entre sectores liberales, aún entre nosotros mismos (lo que no he podido entender del todo).
Esperemos a ver que tiene ahora que decir el Congreso... ojalá salgan con algo.
¡Esto hay que celebrarlo, algo que nosotros sí que sabemos hacer!

¡Estoy feliz! Por lo menos ya puedo "contraer patrimonio", como algún gracioso dijo por ahí. Espero que pronto llegue el día en que también pueda "contraer matrimonio".

viernes, enero 19, 2007

Volver

Las complicaciones de la vida diaria se agrandan luego de las vacaciones. La dura realidad, evadida durante un período diminuto, regresa brutal e inmisericorde. No podemos escapar. Las vacaciones son un derecho inalienable en el mundo moderno, una gran conquista social aunque uno siempre queda con la sensación de que no fue suficiente. El último día de descanso, ante el abismo que significa volver de nuevo a la rutina, me gustaría juntar los índices y detener el tiempo, como hacia la niñita de padre marciano en una comedia gringa y ochentera cuyo nombre olvidé, y quedarse para siempre en la playa, en la piscina, en la cama durmiendo hasta que se pare el ombligo, acostarse hasta que se nos dé la gana. Vuelve uno y no se acopla, la vida se nos muestra como el suplicio que a veces puede ser, y se cae en cuestiones trascendentales tipo “para dónde voy”, “quiero cambiarlo todo” o “quiero mandarlo todo a la mierda”. Y se acarician planes locos como poner por fin el puesto de cervezas en la playa o tener por fin la finca cafetera, chocolatera o de lo que sea o comprar por fin el baloto, con esperanzas ínfimas pero esperanzas al fin y al cabo, de darle al premio gordo. Y quejándonos y haciendo planes efímeros nos vamos acostumbrando nuevamente a la vida de todos los días.

Mi regreso de vacaciones, como se nota por la retahíla que acabo de escribir, ha sido complicado aunque poco a poco me voy ajustando. Como nunca antes el regreso me amargó y la despedida de mis padres, hermanos y sobrino fue más dura esta vez. En el avión de regreso solo pensaba en mis razones para seguir en Colombia y me doy cuenta de que cada vez son más escasas, más escasas, más escasas. Creo que ya pocas me retienen, aunque hay que mencionar a mis grandes amigos y mi abuelo, que cada día está más viejito y en cualquier momento se nos va.

Fue más duro esta vez, porque me acerqué a mi familia un poco más. El propósito principal de mi viaje era salir del closet de una vez por todas. El vivir solo en Colombia por muchos años me ahorró el tener que dar explicaciones y me hizo la vida más fácil. Pero eso se acabó y desde hace algún tiempo me doy cuenta de que salir del closet frente a mi familia es una cuestión de principios, un paso fundamental en la conformación de la persona que quiero ser.

Los planes se quedaron a medias porque con mis padres nunca encontré el momento propicio. En medio del abrazo de nochebuena no podía salir con la noticia bomba como regalo de navidad. Y llegó la hora de hacer la maleta nuevamente y el momento nunca llegó. Sin embargo, con mi hermana si lo conseguí. Fuimos a comer a un restaurante cercano a su trabajo, por la bonita Avenida Lexington un día en que quedamos de ir de compras. Hablamos primero de sus cosas, de su vida en New York, de los viejos y amados tiempos en Colombia, tiempos que ya no volverán. Y luego hablamos de los tiempos futuros, de qué iremos a hacer, de dónde estaremos, pero no me salían las palabras que quería decir, no sabía por donde montar ese toro. Hasta que el cielo me envió un ángel viejo y alto, un anciano de ojos azules, apoyado en un bastón, que se sentó justo en la mesa del lado. Y pensé, “aquí fue” y le dije a mi hermana: “por ejemplo, yo no sé que pasará conmigo cuando tenga esa edad, no sé quién vaya a cuidarme, a quién tendré a mi lado”. Y de ahí pasamos a los hijos y a que “yo no tendré hijos” y al “¿por qué?” y yo “usted ya sabe porqué” y luego “si, yo ya sabía, porque leí una carta que le escribió un amigo suyo, pero estaba esperando que usted me hablara del tema” y yo “pues aquí estamos, ya lo dije”, pero en realidad yo nunca dije “gay” ni “homosexual” ni “marica” ni nada. No hubo necesidad. Y ella sentenció lo que uno siempre desea que le digan ese día: “A mi eso no me importa, yo a usted lo quiero como sea, lo quiero mucho”. Y las lágrimas se nos salieron. Hablamos como tres horas esa tarde, de lo divino y lo humano y sentí lo mucho que quiero a mi hermana y lo mucho que ella me quiere. “Mi mamá ya debe saberlo también” me dijo. “La mamá siempre sabe pero yo se lo voy a confirmar” contesté. Pero no pude encontrar el momento para hablar con ella ni con mi padre. Será para la próxima. Quiero creer, y a lo mejor así será, que no tendremos un drama, ni habrá una tragedia, creo que ya todos, por diversas razones, se han hecho a la idea. Es una obligación con ellos y conmigo mismo que se los confirme. Y sé que me querrán como soy, porque en realidad, ya me quieren como soy. Y seré muy feliz.

Y aquí estoy: de nuevo en Bogotá, haciendo planes para este año, que se irá tan rápido como el anterior. Aquí estoy: triste y feliz a la vez. Lo llaman melancolía.

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Apunte final: no fui de paseo por el Village ni por Chelsea. No tuve tiempo y el día que lo tuve llovío todo el día. Me quedé en mi casa con mi mi mamá y mis hermanos tomando chocolate caliente, viendo videos caseros y recordando viejos tiempos. La verdad es que eso me pareció mejor plan que irme a caminar por la jungla gay de NY. Yo puedo hacer un plan de esos cualquier día del año (aunque tenga que hacerlo por Chapinero), pero ver con mi familia la primera comunión de mi hermano o el paseo al Neusa de hace 15 años es algo que solo puedo hacer cada cierto tiempo. Si se pone todo en la balanza, adivienen qué gana !

miércoles, enero 10, 2007

Primer propósito para el año nuevo

Ayer en la mañana salí a trotar al parque cerca a la casa de mis padres (las vacaciones me han hecho subir de peso, hay que empezar a quemar calorias) y vi tirado en el suelo este arbolito de Navidad. En realidad hay muchos en este momento por todas partes y me parece muy triste que estos arbolitos terminen así, tirados en la acera. Y es que por estas tierrar muchas personas prefieren usar árboles naturales que son sembrados especialmente para la ocasión. Al parecer el negocio no es antiecológico y está muy bien regulado. Sin embargo, los pobres pinos que crecen para adornar la sala de una casa y que luego terminan en la basura son cientos de miles en todo Estados Unidos. Ante tanto derramamiento de clorofila, mi madre decidió, ya hace dos navidades, comprar un pino de plástico que costó lo mismo que uno natural, dura mucho más y no produce sentimientos de culpa.

Esa visión de esos árboles abandonados a su suerte me mostró que la vida corre rápido porque es así como vivimos: hoy es navidad, pronto llega enero, se desarma el pesebre, se tira el arbolito, todo se guarda otra vez, con esmero, para que el otro año las luces estén sin enredos (ja!) y el niño Dios no pierda lustre. Al cuarto de San Alejo todo, que ya llegará San Valentín y allí donde hasta hace poco se veía a Papá Noel, se verán corazones, chocolates y tarjetícas rídiculas. Y ya vendrá de nuevo el Halloween y de nuevo Navidad, y de nuevo el fin de año y se oirá otra vez "Ay Dios, este año si que voló". Esta sociedad consumista nos consume, sí, lo digo con redundancia. Y lo repito: la sociedad consumista nos consume. Y para oponerme de alguna forma, porque no puedo escapar a ella del todo, mi primer propósito de año nuevo es negarme sistemáticamente a celebrar todas estas fiesticas artificales. No celebraré el día de la Madre, ni el del Padre, ni el del Amor y Amistad, ni el de la Mujer (que me parece que se ha malinterpretado y tiene uno que felicitarlas a todas so pena de morir acribillado); ni tampoco el del Chontaduro; ni el de los Niños; ni el de San Blando; que no tiene cuando. Tampoco celebraré la Navidad, los cumpleaños, ni el Año Nuevo, ni el Halloween, porque esas fechas no tienen sentido o se han prostituido o son simples imposiciones de quién sabe quién.

Pero, ¿será que mi madre llorará si no la llamo el Día de la Madre y pensará que soy un mal hijo, aunque hablemos TODOS los demás domingos del año, siempre le diga lo mucho que la quiero y lo estupenda madre que es? ¿Mis colegas me mirarán con enfado si no los felicito el Día del Colega (que no tengo ni idea de cuando es) ni me uno a ellos en la sala de juntas, para hacer un brindis de vino barato servido en vaso de plástico? Y en Navidad, ¿podré decir no a los buñuelos, a la novena, a los aguinaldos, al "ven, ven, ven, no tardes tanto"? ¿Me dirán Grinch y estaré todo el mes socialmente excluido? ¿Para navidad me acordaré aún de este tonto propósito?
Pensándolo bien, creo que para librarme de la imagen del árbol tirado a la basura, debo hacer un propósito más obvio (que es además una de las tres cosas que dizque dicen los chinos que hay que hacer en la vida): sembrar un árbol. Pero no, eso ya lo hice alguna vez, y ese árbol, acabo de recordarlo, se murió luego de que lo usé como árbol de navidad, chanfle !

miércoles, enero 03, 2007

It's all about New York

Nueva York, que puede definirse de muchas maneras, es primordialmente un revoltijo exitoso y fascinante de gringos, italianos, chinos, irlandeses, latinos, indios, judios ortodóxos, árabes y un larguísimo etcétera. Todas las nacionalidades están aquí. Esta es la moderna Babel. El ambiente cosmopolita recuerda siempre que se está en la capital del mundo y que ese sobrenombre no es gratuito. Y si lo olvida, pásese por Times Square, donde sentirá, como en ningún otro punto, que esta ciudad es un monstruo luminoso, alto y vibrante que estimula todos los sentidos.

Es curioso que Nueva York sea la ciudad estadounidense más reconocida en el mundo y que a su vez, sea tan diferente a las demás ciudades gringas. Esta es una ciudad densa, limitada por islas, ríos y el océano. Ha sido necesario (como en todo el territorio estadounidense), construir grandes autopistas, túneles y puentes para conectar toda el área metropolitana. Sin embargo, hay dos cosas que distinguen bien a Nueva York de las demás ciudades de este país: primero, la ciudad fue diseñada en su mayor parte para el peatón (lo cual significa aceras, ciclorutas y transporte público barato y eficiente en casi todos los sectores) y segundo, la gente se ha apropiado de la ciudad. Contrario a las ciudades-automóvil del resto de gringolandia, en Nueva York y sus diferentes distritos, los peatones se ven allí y allá; hay vida en cada esquina; hay gente por doquier. En Los Angeles o Miami se ven lindas aceras pero ni una sola alma que las recorra porque son ciudades-atomóvil, diseñadas pensando en el carro y por lo tanto, surcadas de arriba a abajo por autopistas que cortan la ciudad en muros insalvables para el peatón. No es el caso de Nueva York, siempre repleta de buses, estaciones del metro o simplemente, de aceras transitables que permiten caminar y encontrarse siempre a más de un paisano de a pie. Y cuando de caminar se trata, es en la densa y multicolor Manhattan, el corazón palpitante de Nueva York, donde más se puede realizar este ejercicio. Todo parece ocurrir allí. Todo está allí. Casi se puede decir que Manhattan es Nueva York (casi, porque también están Brooklyn, Queens o el Bronx para darle más sabor a la salsa y redondear la idea de ciudad). Aunque sea a veces muy ruidosa o costosa vale la pena recorrer Manhattan sin rumbo fijo porque siempre habrá algo que hacer, ver, fotografiar, comer o comprar. Aquí uno puede llegar sin plan. Siempre habrá algo que hacer con solo dar la vuelta a la esquina. Hay que llevar unos zapatos cómodos y si se quiere y se puede, algunos billetes en el bolsillo. “Comprar, comprar y comprar” es el mantra irresistible de este país, de esta ciudad, de esta época de saldos de navidad, todo 50% rebajado en Aeropostale, en Banana Republic, en Macy’s, en Gap, en American Eagle, en toda tienda, tiendita o tiendota. Todo parece decir: "cómprame", "usa tu tarjeta de crédito", “Sale”, “50% off” y yo, comprador compulsivo solo puedo exclamar: “¿y ahora quién podrá defenderme?”. Que el buen juicio me acompañe en mi caminata de hoy. Larga vida al cupo disponible de mi tarjeta de crédito y larga vida a Nueva York, sin duda, el triunfo más elocuente de los Estados Unidos.

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Nueva York debe ser la ciudad más cantada de la historía: Frank Sinatra (New York, New York, tal vez la más famosa), Madonna (I love New York), Pet Shop Boys (New York City Boy, mi favorita), Moby (New York, New York, talvez la más reciente, recomendada), U2 (New York, y también City of Blinding Lights) y muchísimos más le han cantado a esta ciudad, como puede apreciarse en esta extensa lista. Y no hablemos de las películas, sin duda esta debe ser también la ciudad más filmada (Scorsese y Woddy Allen han hecho de NY su musa y heroína) y también la más destruida de la historia del cine: monstruos prehistóricos, olas gigantes, terremotos, asteroides, marcianos invasores, epidemias y como siempre, la realidad superando la ficción, terroristas desalmados en aviones comerciales.

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A propósito de terroristas, la famosa "Zona Cero" es ahora una de las atracciones más célebres de NY. No todos en la ciudad están de acuerdo con el mercadito persa que han levantado allí.

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Un millón de personas estuvieron en Times Square la noche del 31 de diciembre en la famosa fiesta de año nuevo. Un millón de razones por las cuales yo decidí celebrar, en memorable fiesta casera, con mis padres, hermanos, primos, tíos y amigos. Oímos, como dicta la etiqueta “Faltan cinco pa’ las doce”, “Año nuevo, vida nueva” y hasta el Himno Nacional, todo muy cursi y patriotero, tal y como dicta el espíritu colombiano que se debe recibir cada año.

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En la esquina hay una "grocery" atendida por un indio que tiene al dios elefante ( cuyo nombre no recuerdo) sobre el mostrador. Sin embargo, este indio no es tan amistoso como el Abu de Los Simpsons. Al contrario, es bien agrio el personaje. Mi hermano acaba de corregirme y me dice que es pakistaní pero a mi me da igual.

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Vi en una calle de Brooklyn a un judio ortodoxo de barba larga, sombrero de fieltro, cachumbos, abrigo, todo de negro, cruzarse amistosamente con una mujer árabe forrada también de negro, la cara oculta, arrastrando cada uno a sus vástagos, dos niños abrigados con idénticas chaquetas de vistosos colores y maletines estampados con Elmo y Bob Esponja. Sin duda la imagen que me regalaron estos dos vecinos me resultó impactante. El mundo parece reunirse aquí pacificamente, al menos en la acera.

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Una foto que tomé desde una de las ventanas del Museo de Historia Natural que muestra una vista poco común del Central Park (deshojado por el invierno) y de Manhattan.



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El propósito principal de mi viaje está por completarse. Ya les contaré los resultados.

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También les contaré sobre mi próxima expedición por el Village (el tradicional barrio gay de NY) y Chelsea (el nuevo vecindario rosa donde ahora todos quieren estar).