It's all about New York
Es curioso que Nueva York sea la ciudad estadounidense más reconocida en el mundo y que a su vez, sea tan diferente a las demás ciudades gringas. Esta es una ciudad densa, limitada por islas, ríos y el océano. Ha sido necesario (como en todo el territorio estadounidense), construir grandes autopistas, túneles y puentes para conectar toda el área metropolitana. Sin embargo, hay dos cosas que distinguen bien a Nueva York de las demás ciudades de este país: primero, la ciudad fue diseñada en su mayor parte para el peatón (lo cual significa aceras, ciclorutas y transporte público barato y eficiente en casi todos los sectores) y segundo, la gente se ha apropiado de la ciudad. Contrario a las ciudades-automóvil del resto de gringolandia, en Nueva York y sus diferentes distritos, los peatones se ven allí y allá; hay vida en cada esquina; hay gente por doquier. En Los Angeles o Miami se ven lindas aceras pero ni una sola alma que las recorra porque son ciudades-atomóvil, diseñadas pensando en el carro y por lo tanto, surcadas de arriba a abajo por autopistas que cortan la ciudad en muros insalvables para el peatón. No es el caso de Nueva York, siempre repleta de buses, estaciones del metro o simplemente, de aceras transitables que permiten caminar y encontrarse siempre a más de un paisano de a pie. Y cuando de caminar se trata, es en la densa y multicolor Manhattan, el corazón palpitante de Nueva York, donde más se puede realizar este ejercicio. Todo parece ocurrir allí. Todo está allí. Casi se puede decir que Manhattan es Nueva York (casi, porque también están Brooklyn, Queens o el Bronx para darle más sabor a la salsa y redondear la idea de ciudad). Aunque sea a veces muy ruidosa o costosa vale la pena recorrer Manhattan sin rumbo fijo porque siempre habrá algo que hacer, ver, fotografiar, comer o comprar. Aquí uno puede llegar sin plan. Siempre habrá algo que hacer con solo dar la vuelta a la esquina. Hay que llevar unos zapatos cómodos y si se quiere y se puede, algunos billetes en el bolsillo. “Comprar, comprar y comprar” es el mantra irresistible de este país, de esta ciudad, de esta época de saldos de navidad, todo 50% rebajado en Aeropostale, en Banana Republic, en Macy’s, en Gap, en American Eagle, en toda tienda, tiendita o tiendota. Todo parece decir: "cómprame", "usa tu tarjeta de crédito", “Sale”, “50% off” y yo, comprador compulsivo solo puedo exclamar: “¿y ahora quién podrá defenderme?”. Que el buen juicio me acompañe en mi caminata de hoy. Larga vida al cupo disponible de mi tarjeta de crédito y larga vida a Nueva York, sin duda, el triunfo más elocuente de los Estados Unidos.
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Nueva York debe ser la ciudad más cantada de la historía: Frank Sinatra (New York, New York, tal vez la más famosa), Madonna (I love New York), Pet Shop Boys (New York City Boy, mi favorita), Moby (New York, New York, talvez la más reciente, recomendada), U2 (New York, y también City of Blinding Lights) y muchísimos más le han cantado a esta ciudad, como puede apreciarse en esta extensa lista. Y no hablemos de las películas, sin duda esta debe ser también la ciudad más filmada (Scorsese y Woddy Allen han hecho de NY su musa y heroína) y también la más destruida de la historia del cine: monstruos prehistóricos, olas gigantes, terremotos, asteroides, marcianos invasores, epidemias y como siempre, la realidad superando la ficción, terroristas desalmados en aviones comerciales.
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A propósito de terroristas, la famosa "Zona Cero" es ahora una de las atracciones más célebres de NY. No todos en la ciudad están de acuerdo con el mercadito persa que han levantado allí.
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Un millón de personas estuvieron en Times Square la noche del 31 de diciembre en la famosa fiesta de año nuevo. Un millón de razones por las cuales yo decidí celebrar, en memorable fiesta casera, con mis padres, hermanos, primos, tíos y amigos. Oímos, como dicta la etiqueta “Faltan cinco pa’ las doce”, “Año nuevo, vida nueva” y hasta el Himno Nacional, todo muy cursi y patriotero, tal y como dicta el espíritu colombiano que se debe recibir cada año.
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En la esquina hay una "grocery" atendida por un indio que tiene al dios elefante ( cuyo nombre no recuerdo) sobre el mostrador. Sin embargo, este indio no es tan amistoso como el Abu de Los Simpsons. Al contrario, es bien agrio el personaje. Mi hermano acaba de corregirme y me dice que es pakistaní pero a mi me da igual.
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Vi en una calle de Brooklyn a un judio ortodoxo de barba larga, sombrero de fieltro, cachumbos, abrigo, todo de negro, cruzarse amistosamente con una mujer árabe forrada también de negro, la cara oculta, arrastrando cada uno a sus vástagos, dos niños abrigados con idénticas chaquetas de vistosos colores y maletines estampados con Elmo y Bob Esponja. Sin duda la imagen que me regalaron estos dos vecinos me resultó impactante. El mundo parece reunirse aquí pacificamente, al menos en la acera.
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Una foto que tomé desde una de las ventanas del Museo de Historia Natural que muestra una vista poco común del Central Park (deshojado por el invierno) y de Manhattan.
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El propósito principal de mi viaje está por completarse. Ya les contaré los resultados.
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También les contaré sobre mi próxima expedición por el Village (el tradicional barrio gay de NY) y Chelsea (el nuevo vecindario rosa donde ahora todos quieren estar).










