jueves, agosto 31, 2006
miércoles, agosto 23, 2006
Partidazos

Mi amiga ML me dijo el sábado en la noche que yo le parecía un excelente partido y que no entendía porque seguía solo después de tanto tiempo. “Tu eres un partidazo” me dijo. Melanie, mi amiga alemana me dijo algo muy parecido tan solo un día antes. Quedé muy pensativo al respecto, no tanto por lo del "partidazo", sino porque cada vez siento que el peso de la soledad se hace más notorio, aunque yo mismo no quiera aceptarlo. Sí, cada vez me doy más cuenta de que sí necesito alguien a mi lado: al despertarme, en el desayuno, al volver a casa, al hacer la cena, al ver las noticias, al ir a la cama y de nuevo, al despertar del otro día. La rutina estando solo es más rutinaria aún. ¿Será que eso del partidazo es verdad? Si ML y Melanie lo ven, ¿por qué otros no? (y por otros me refiero a hombres desconocidos, no a mis demás amigas o amigos). ¿Lo veo yo? La verdad no me siento “el partidazo”, pero tal vez debería empezar a sentirme más así. Tal vez si me lo creo, “otros” empiecen a notarlo. Aunque la verdad me parece una tontería. Y a todas estas, ¿por qué yo no conozco ningún “partidazo”? Será por lo mismo que uno no puede ver todos los días un partido Portugal-Alemania (con Cristiano Ronaldo abordo, él si verdadero partidazo), o una final Francia-Italia. A lo mejor, como en el fútbol, en este dizque rosado y “arcoírico” mundo, los partidazos solo se dan cada cuatro años.
Ha dicho
Thorin
a las
10:58
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Etiquetas: Privacidades de Thorin, Vida Gay
lunes, agosto 14, 2006
El tiro por la culata
Una curiosa anécdota cuenta que BISCHOFF, uno de los anatomistas de mayor prestigio en Europa en la década de 1870, tenía por costumbre coleccionar y pesar cerebros de difuntos. En su trabajo descubrió que el cerebro de los hombres pesaba en promedio 1.350 gramos y el de las mujeres 1.250, diferencia que le sirvió para defender la superioridad mental masculina. Bischoff donó su cerebro a su colección y cuando falleció le aplicaron el mismo rasero: su cerebro pesó 1.245 gramos .
Extraído de www.cambio.com.co
lunes, mayo 15, 2006
El hombre que yo amo
1. Inteligente. No tiene que ser Einstein, pero no soporto la gente liviana que lo único que sabe es cuando cumple años Madonna (algo que por supuesto yo también sé) y chismes llenos de absoluta banalidad. Es decir, yo no quiero un petardo que me hable de filosofía socrática todo el día, pero si alguien con quien hablar de cosas interesantes y profundas, alguien con quien se aprenda siempre algo nuevo y sobretodo, alguien a quien admirar por lo que tiene adentro de la cabeza. Y claro, debe ser suficientemente inteligente como para entender que también es delicioso hablar del último disco de Madonna, irse (de vez en cuando) de rumba un miércoles o ver una película de acción los domingos por la tarde.
2. Emocionales. No me refiero a una persona que sea un volcán emocional que erupcione a todo momento por cualquier cosa. Pero si alguien que pueda expresar con claridad y facilidad sus sentimientos, que sea capaz de ponerse en los zapatos de los demás y que pueda decir “te quiero” con fluidez. ¡Y que me abrace con fuerza cuando me vea!
3. Con buen gusto. No quiere decir que debe comer caviar y champán todas las noches, ni que solo se ponga ropa interior Calvin Klein o camisas Polo. Debería saber que le queda bien y que no, alguien que se sienta sexy con lo que se pone y al que le pueda creer sin lugar a dudas cuando me diga “eso no te queda”.
4. Que coincidamos. No en todo, que pereza, pero si en lo elemental. Yo no quiero alguien que oiga reggetón todo el día o que “adore” ver fútbol colombiano todos los domingos.
5. Que se cuide. No tiene que ser un esclavo de su figura, pero por favor, cinco empanadas antes del almuerzo no pueden ser buenas para nadie y quince minutos de trote al día no producen un ataque cardiaco.
6. Que quiera triunfar. Es decir, que quiera progresar, que tenga un plan y sepa como seguirlo, que no se conforme nunca con lo que consigue y que siempre esté buscando nuevas metas. Odio la monotonía, el conformismo y la quejadera inmisericorde.
7. Tierno. No quiero un “durazno en almíbar” o un Winnie the Pooh, no, eso no! No puedo con ellos. Pero si quiero alguien que pueda hablar como un niño chiquito si acaricia un cachorrito o alza a un bebé. Alguien que me abrace y juegue con mi pelo mientras vemos tv, me de un pico en las mañanas cuando se levante y me coja la mano cuando estemos en el cine. No quiero "caras-de-puño".
8. Sensible. Que pueda ver la belleza de un Boticelli, la genialidad de Van Gogh, la alegria de Mozart, la locura de Dalí… que la vida lo sorprenda y la curiosidad por los hechos de la vida lo emocione. No quiero llorones sensibleros o panditos de espíritu que crean que la muerte de Lady Di fue lo peor que le pasó al mundo…
9. La sonrisa de Brad Pitt… sólo si se puede : )
¡Mierda! ¿Será mucho pedir?
viernes, marzo 03, 2006
Ojalá
¿No les parece extraña la palabra "ojalá" ? No hay una palabra similar en inglés, francés o italiano. Esto es porque "ojalá" es una antigua palabra española que proviene del árabe: wa sha Alá (que Dios lo quiera). "Se expresó durante algún tiempo con la forma oxalá (la x pronunciada como la ch francesa o la sh inglesa)"
Con ayuda de www.elcastellano.com
viernes, febrero 17, 2006
Frases imperdibles de Brokeback Mountain
Siguiendo con el tema del último post, mi amigo Superchatarra extrajo algunas de las mejores frases de la película. Me parece una excelente recopilación:
"Has hablado más ahora que en las últimas dos semanas", "Es más de lo que he hablado en todo el año"; "Un Pentecostés... no sé. No sé lo que es un Pentecostés. Mi madre nunca me lo explicó. Supongo que es que cuando se acabe el mundo la gente como tú y yo iremos al infierno"; "Lo de anoche no va a volver a pasar", "Nadie tiene que saberlo", "Yo no soy marica", "Yo tampoco"; "¿Vendrás de nuevo el verano próximo?"; "¿Ennis, conoces a alguien que se llame Jack?"; "Maldito Jack Twist"; "Jack y yo nos iremos a las montañas unos días. Iremos a pescar"; "¿Que tal si tú y yo tuviéramos un pequeño rancho en algún sitio... un sitio donde estar juntos? Sería una buena vida"; "Si estamos uno cerca del otro y esto vuelve a pasarnos... en el lugar equivocado y en el momento equivocado... nos matarán"; "Si no tiene arreglo, Jack, hay que aguantarse", "¿Durante cuanto tiempo?", "Mientras podamos soportarlo"; "Basta, viejo hijo de puta. Esta es mi casa, ése es mi hijo y ustedes son mis invitados. Siéntese y coma antes de que le patee el culo"; "Jack Twist... ¡Jack Asqueroso! ¡Ustedes no iban a pescar! Iban a...", "Escúchame, Alma, no sabes nada de eso"; "¿Alguna vez has sentido... no sé... cuando estás en el pueblo que alguien te mira sospechosamente... como si lo supiera? ¿No te da la impresión a veces de que todo el pueblo te mira y lo sabe?", "Quizás deberías irte de allí"; "¿Qué opinas? ¿Crees que tu padre sentaría cabeza?", "No lo sé. Quizás no es el tipo de hombres que se quiera casar"; "La verdad es que.... a veces te echo tanto de menos que no puedo soportarlo"; "Pudimos tener una buena vida juntos. Una jodida vida, buena de verdad. Tener un sitio nuestro. ¡Pero tú no quisiste, Ennis! Y ahora lo único que nos queda es Brokeback Mountain. ¡Todo está construido sobre eso! No tenemos nada más, ¡nada más!"; "No puedo ni explicarle lo mal que me siento. Lo conocía desde hace mucho tiempo"; "Jack, te juro....".
miércoles, febrero 15, 2006
Brokeback Mountain

De vez en cuando, al cine llegan historias que estremecen. Cuando la pantalla se pone negra y aparecen los créditos uno sabe que acaba de ver una historia única que ya no podrá olvidar. Ocurre así con Brokeback Mountain. Cuando acabó la película me quedé hundido en la silla, los ojos húmedos, abrumado por la historia, presumiendo el doloroso final de Ennis del Mar, solitario y anciano, en ese remolque olvidado en medio de la nada, carcomido por los recuerdos (seguramente muy pocos serían felices), muriendo amargamente cada día, tratando de encontrar un juramento que hacerle a Jack (“pero Jack nunca le había pedido que jurara nada, ni era él mismo dado a jurar” dice la historia original de Annie Proulx ). La película había terminado pero todo seguía retumbando en mi cabeza, aun días después, demostrando el tremendo poder que puede tener el cine.
Ennis es infeliz porque estaba incapacitado para elegir cualquier otro destino. Es verdad que podía enamorarse de Jack, pero no podía llevar su amor hasta las últimas consecuencias. ¿O si podía? Enfrascado en un medio social hostil, marcado por la visión de un episodio increíblemente violento en su niñez, era incapaz de aceptar las peticiones de Jack para que vivieran juntos. En este sentido Ennis representa la culpa, la negación, la infelicidad producto de una vida no elegida (o elegida solo porque así nos dicen todos que se debe vivir). Jack, siempre más dispuesto, siempre deseando vivir a plenitud su amor, representa la esperanza, la lucha por ser feliz, pese a que por inercia él mismo haya aceptado las reglas que nos quieren imponer. Era un trasgresor. El fatal desenlace resulta entonces inevitable. Violento final que recuerda una tragedia shakesperiana.
Pese a todo, de una u otra forma entendemos las elecciones de Ennis, aunque su vida representa justamente lo que no queremos sufrir quienes hemos elegido vivir según nuestra propia conciencia, guiados por la esperanza de una vida satisfactoria y justa, dispuestos, como Jack, a aceptar que sí es posible elegir amor y felicidad, aunque nos cueste.
Sin duda la avalancha de comentarios que se han hecho sobre la película es una oportunidad para hacer estas historias visibles, porque aun hoy, en pleno siglo XXI, tragedias como la de estos dos hombres ocurren por todo el mundo. Al menos en Occidente, las grandes ciudades son hoy más liberales (aunque no siempre más justas) y tal vez por ello, quienes vivimos en ellas, olvidamos que hay muchos parajes similares a Wyoming a lo largo del mundo y que en algunos lugares todavía se ahorca a los amantes que desafían las reglas naturales, salvaje contradicción, pues no hay nada más natural que el amor, aunque sea expresado por dos hombres adultos. Brokeback Mountain nos dice que en muchos casos dos hombres solo pueden conocer el amor si están alejados del mundo, ajenos a todo, sintiéndose dueños de un paraje igual de grande a su pasión. Una tormenta que se aproxima a la montaña es la causa del fin de sus mejores días, premonición oscura de lo que ocurrirá cuando bajen de nuevo al mundo.

